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-Be careful with the whole in the wall -me dijo la inglesa de la casa del Marihuana, cuando llegué a buscarle.
-¿Qué ha dicho? -le pregunté al Marihuana, es que a mí me había sonado a bufido de perro.
-Que cuidado con el agujero de la pared -me tradujo el Marihuana. Le llamaban así porque tenía cara de trabado, pálido y con ojeras, todo de fábrica.

Típico verano en el sur de Inglaterra, quince años, el Marihuana y yo era la primera vez que salíamos del pueblo. Y allí estábamos, en la segunda planta de un cottage frente a la isla deWight, con un inmenso agujero -redondo- en la pared, tapado con una manta a modo de tapiz. Así construían las ventanas ellos. Yo hacía semanas que había dejado de alucinar con los ingleses. Me limitaba a ponerme morado de patatas sabor cebolla y a conjeturar modos de dar muerte a los gatos de mi casa. Aquellos gatos eran la reencarnación de Belcebú, estoy convencido.

Pues el Marihuana y yo nos contábamos nuestras penas con la manta de fondo, que ondulaba un poco a causa del viento exterior, y en esto que llegó el francés de su casa.
-Are you coming at the party tonight? -empezó-. They don't have orange juice, anyway -añadió, en plan sarcástico. Era un puto chulo.
-Be careful with the...-intentó advertirle el Marihuana.
Pero fue tarde. El chulo del francés, de pie, cruzó un pie delante del otro, en plan John Wayne, puso un brazo en jarras y con el otro fue a apoyarse de lleno en la manta. No pudimos hacer nada. Francés y manta desaparecieron hueco abajo, dejando entrar la luz de las nubes que iluminó nuestros rostros estupefactos.
-Se mató -apuntó el Marihuana.
Nos levantamos del sofá y corrimos a mirar por el agujero. La suerte quiso que la manta que contenía al francés y el francés cayeran sobre el tejado de paja que acababan de cambiar en la casa, recogido en un montón. Se salvó como en las películas.
-¿Are you OK? -vociferé.
-Que no, que se ha matado.
Cuando el francés se puso en pie, no le tenían las rodillas y se tuvo que sentar. Aquella noche, mientras el Marihuana y yo bailábamos a los Smiths y a Adam and the Ants, el francés no se movió de la silla. Hay que ver qué susto tenía en el cuerpo.

Oye, y si tenéis más ejemplos vivientes de lo raros y peligrosos que son los ingleses, no dejéis de comentarlos aquí. Buen fin de semana a todos.

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